¡Oh infernal Súcubo,
reflejo vivo de mis oscuros deseos!
¿Cuando vendrás a mi lecho,
a condenarme al tormento eterno
de ser esclavo de tus más eróticos sueños?

Corremos a través del bosque huyendo, los pisadas que se escuchan detrás de nosotros son rápidas e incansables, cual jauría de perros ansiosos de hincarnos los dientes. Cada paso nos hace jadear de cansancio, los gemidos de angustia brotan de nuestras gargantas secas y el sudor acre empapa nuestras ropas…