Corremos a través del bosque huyendo, los pisadas que se escuchan detrás de nosotros son rápidas e incansables, cual jauría de perros ansiosos de hincarnos los dientes. Cada paso nos hace jadear de cansancio, los gemidos de angustia brotan de nuestras gargantas secas y el sudor acre empapa nuestras ropas…